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Edición Nº 68


 
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Un evento electoral paralizante. 

 
 
 
 
La ruptura de la continuidad productiva desatada con el conflicto con el agro trajo aparejado el inquietante fantasma del desempleo.
 
 
 
 
No resulta suficiente ni saludable, y nunca lo fue sino por períodos muy breves, la intervención del Estado en la actividad económica
Resulta una extravagancia que en momentos en los que los países tratan de suavizar de la mejor forma posible los efectos de la crisis que sacude a la economía mundial, la República Argentina esté desenfocada por debilidades adjudicables a la inmadurez de su dirigencia política.

El 28 de Junio se ha transformado en un meridiano que al enervar al conjunto social por acciones y reacciones, proyecta una imagen de incertidumbre que las propias autoridades del Gobierno Nacional no se esfuerzan por evitar.

Esto lo ha convertido en un evento electoral paralizante que fuera de lo inercial, contribuye a la apertura de un período de dudas que retrasa y en el peor de los casos, congela la toma de decisiones productivas. 

A estas alturas resulta asombroso que, lejos de buscar soluciones por vía de debates analíticos y soportados técnicamente, se apele al discurso de barricada que profundiza divisiones y enconos donde debiera aplicarse inteligencia sinérgica para aprovechar positivamente la gigantesca oportunidad que se le ofrece al país.

De no tratarse de situaciones que afectan de mala manera a la población, sin duda se estaría frente al aburrimiento que genera la reiteración de montajes con rotación de intérpretes que dan pié a la aseveración gatopardista que todo cambie para que nada cambie.
En esta condición resulta difícil presumir un salto cualitativo que habilite el trazado de políticas consensuadas a partir de las cuales se diseñe un perfil maduro y serio para el país.

 La ruptura de la continuidad productiva desatada con el conflicto con el agro trajo aparejada, junto con la negativa coincidencia de la debacle financiera internacional, el inquietante fantasma del desempleo.

No resulta suficiente ni saludable, y nunca lo fue sino por períodos muy breves, la intervención del Estado en la actividad económica pues ese no es su rol.

Por el contrario debe actuar sólo como moderador de las variables macroeconómicas garantizando la igualdad ante la Ley y cubriendo a través de la correcta administración de los recursos fiscales, las áreas de asistencia social, educación pública y provisión de seguridad.

        Detrás de la ola ...

Lejos de esto, se comprueba un avance agresivo que sin aparentar ser un plan ideológico, se manifiesta como la consecuencia de la necesidad de arbitrar recursos que reemplacen aquellos genuinos derivados de la dinámica de los negocios y de la producción.

Con este panorama, resulta complicado leer el horizonte detrás de la ola representada por el próximo acto comicial.

Si los resultados fueran satisfactorios para el oficialismo, existe la probabilidad de que esto sea un estímulo para avanzar en aquella dirección sin concentrarse sensatamente en armonizar al conjunto nacional bajo denominadores comunes básicos.

Si por el contrario sufriera un revés, paradójicamente y hasta que se produzca el recambio de legisladores, es muy posible que avance con más virulencia en la misma dirección para tratar de afirmarse dentro de aquel esquema.

En cualquier caso, sería de lamentar que se concretasen estas hipótesis pues lo que se reclama desde la mayoría de la población es gobernabilidad basada en el respeto por el bien común y aceptando que las Instituciones del Estado sirven para proteger a los individuos dentro del impero de la Ley.

De todas formas ante la perspectiva de una modificación en la estructura del Poder Legislativo, se plantea la factible reincidencia del uso de los decretos de necesidad y urgencia.

Por de pronto, lo que se verifica es una inusual contracción de los consumidores de la escala media y baja que más allá de la pretensión de ciertos indicadores oficiales no deflacionados, envía señales de preocupación por la zozobra que provocan las turbulencias e indefiniciones relativas al futuro cercano.

Existen sensores específicos que como el caso de los kioscos, característico comercio de cercanía afincado en la cultura del consumo masivo nacional y cuyo volumen global de facturación es asombrosamente formidable, confirman esta realidad casi inédita e inhabitual.

No resulta justo para la comunidad recibir mensajes controvertidos que proclaman solidez en la economía fiscal y por otra parte amenazan con negros nubarrones según sea el resultado electoral. El país y su ciudadanía reclaman y merecen algo mejor.

Por Dr. CARLOS ALMA
Presidente - cacsa s.a. consultora de negocios.
 
 

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